Ayer mientras dormías, tomé mi cobija blanca y me lancé del techo. Volé hacia mi corazón paralizado y triste, para ver su cara antes de que la muerte me laquitara; besé su rostro, lloré con ella su dolor,subí a la azotea de ese maldito lugar y me volví a lanzar.
Pero debes guardar este secreto mío, a las niñas pequeñas como yo, no les dejan pasar a urgencias, y mucho menos de madrugada a visitar.
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