-A él no, por favor.
-Es momento de que
dejes de interponerte…
Se soltó de mi mano
con una gran fuerza, sin mirar movió su brazo con el cuchillo hacia mi vientre
de manera rápida, mientras que yo busqué cubrirme. Sentí el frío del metal
adentrándose en mí. Sabía que era inevitable lo que estaba a poco tiempo de
suceder. Tomé la mano que sostenía a mi sentencia y la busqué con la mirada: no
la encontré. Miro la mano que estoy tomando, me percato de que es la mía. Él
está de frente a mí, pálido y sin aliento. Ella vivía en mí y yo en ella, sólo
tengo algo que agregar: la voy a extrañar.
Se llama el final, porque literalmete es el final de un cuento.
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