sábado, 12 de septiembre de 2015

Espejo

En el autobús me encontraba cuando la vi. Estaba sonriendo y mirándome fijamente. Se lanzó de su asiento al suelo, se arrastró hacia a mí, me tomó la mano y me dijo que quería ser mi amiga. 
Me sorprendió su excentricidad, de falda careciendo de piernas y terminé por asentir a su petición. Despegó sus ojos y me señaló la esquina del transporte, un joven estaba llorando en silencio sin levantar su rostro; ella volvió su cara hacia a mí y debajo de su falda larga sacó unas piernas ensangrentadas. “Debes desligarte de lo que nos hace diferentes, tal como él me ha jurado amor”. 
El miedo paralizó todos mis músculos; un golpe frío y agudo pasó de mi cabeza a mi espalda; no logré mantener los ojos abiertos ante el gran metal afilado que sostenía entre las manos.
Cuando desperté, ella estaba al frente mío, llorando entre carcajdas, sintiéndose libre.
-Y bien, ¿Qué se siente verse en un espejo?
Dejé caer el cuchillo de mis manos, se me fue el aliento al ver un charco rojo en ella, y otro más, rodeando mi falda.


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