sábado, 2 de agosto de 2025

Carta de despedida a lo que soñé contigo

No es a ti a quien le escribo.

Es a la idea que construí de ti.

A lo que creí que eras.

A lo que pensé que podrías llegar a ser, si tan solo te ayudaba lo suficiente.


Durante mucho tiempo quise pensar que mi apoyo, mi presencia y mis esfuerzos no eran en vano.

Que cuidar de ti, acompañarte, resolver lo que tú no podías —o no querías— hacer, algún día tendría un valor real.

Que no era ingenuidad de mi parte, sino empatía.


Hoy entiendo que lo que me ataba a ti no era amor romántico, sino una mezcla de compasión y culpa, donde yo creía que era mi responsabilidad salvarte.

Y tú lo sabías.

Y lo usaste.


No me quedo con odio.

Pero tampoco con excusas.


Me quedo con la verdad:

Que no fui tu enemiga, ni tu verdugo, ni tu carcelera.

Fui alguien que dio más de lo que tenía.

Alguien que creyó en una versión de ti que nunca apareció.


Lo que estoy soltando no eres tú:

Es la imagen falsa que yo misma traté de sostener.

La promesa de que ibas a cambiar.

La esperanza de que mi esfuerzo algún día bastaría.