Calma total inundando al pequeño escenario,
Las luces aplastan al instrumento letal,
La adrenalina cubriendo su cuerpo cual sudario
Ahoga los sonidos del ambiente otoñal
Acaricia uno de sus cuarteados dientes,
Que susurran su edad con su blanco perlado.
Asechando están las miradas de sus oyentes,
Logran alargar el tiempo exhalado.
A vivir comienzan notas de flores en las cuerdas
Que las blanquinegras teclas de pronto tejen
Siguiendo el ritmo del palpitar que recuerdas
Quitando de apoco lo que pocos pueden.
Ha logrado extender sus alas frente aquellos ojos,
Sonriendo a sus acechantes por la admiración,
Que sembró en el escenario el otro año,
Con el piano en su patética audición.
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