¿Será ese gusto irremediable por volver a lo desconocido y regresar con una sonrisa debida a un forastero de mis tierras pero con recurrentes visitas en mis pensamientos?
Lo volvió a hacer.
Me aconsejaron visitar nuevas aguas, encontrar nuevas bocas con crónicas ansiosas por evaporarse durante una tarde llena de curiosidad y sorpresa.
Y así fue.
Lo encontré preguntando por mí, con disposición de escuchar y ayudar en la medida que le permitiese. Le di de beber un poco del veneno que me hace agonizar en este suplicio crónico.
No le afectó.
Siguió sonriendo, se adentró en el veneno, me tomó de la mano para pasar de estar inerte en un movimiento pasivo sin fin a uno activo por mi propia persona.
Se quedó.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario